Eliseo Carnero y su experiencia como casi combatiente en Malvinas

Eliseo Carnero es controlador de tránsito aéreo en el aeropuerto «Ing. Aer. Taravella» de la ciudad de Córdoba. Lo más probable es que mucho de ustedes lo conozcan y/o lo tengan de amigo en Facebook. Yo lo conozco «virtualmente» desde hace quizás una década, pero nunca en persona. Eso no me invalida para decir que me parece que es un tipazo, que, además, ama la aviación y su trabajo, y encima se toma la molestia de divulgar la actividad aeronáutica con hermosas fotos y videos tomados por él que siempre suelo compartir en Aeropuertos Argentinos.

Como dije, lo conozco «virtualmente» desde hace quizás una década, pero hay algo de él que no sabía: que estuvo cerca de ser ex-combatiente de Malvinas. Sí fue movilizado al sur, pero no llegó a ir a las Islas. Hoy, 2 de abril, me sorprendió en su timeline de Facebook con un texto en el que relata tan vividamente su experiencia que, como le dije, me parecía injusto que con el correr de las horas quede zambullido entre tantas otras cosas que se comparten en la red social, por lo que le pedí autorización para reproducirlo en una publicación en el sitio.

Sin más preámbulo, he aquí lo relatado por Eliseo Carnero:

No combatí en Malvinas pero casi casi!

Soy nacido en el ’63 así que me tocó hacer el servicio militar en aquel entonces.

Me incorporaron el día del cumpleaños de mi hermana, el 3 de febrero de 1982, por eso lo recuerdo.

Ejército, soldado del Regimiento 2 de paracaidistas «General Balcarce» de Córdoba. Tiempos duros en los que los cabos y sargentos se ensañaban con los «milicos» como ellos nos llamaban. Pero teniendo un padre como el que tengo, ninguna cosa me sorprendía, ya que él se había encargado de hacerme resistente.

El 2 de abril del ’82 estaba en casa de franco cuando escuchamos la noticia de la reconquista de Malvinas. Algo totalmente sorprendente ya que era un tema del que no se hablaba demasiado por aquellos días, creo que a los argentinos les sorprendió más que a los ingleses. Mi vieja dejó caer un plato que estaba lavando y se puso mal, yo le pregunté que le pasaba y ahí caí en la cuenta que

1- estábamos en guerra

2- yo era soldado, es decir, probablemente iría al combate.

Las cosas sucedieron muy rápido, la instrucción de campo ya había concluido y no recuerdo si el curso de paracaidista, que dura un mes, ya había terminado, el hecho es que nos acuartelaron, perdiendo todo contacto con las familias.

Se formó una fuerza de tareas, llamada «Rayo» (siempre me parecieron carentes de imaginación estos nombres) y el 1º de mayo de 1982 nos subimos a un Boeing 707 de la fuerza aérea con rumbo al Sur. El avión no tenía asientos así que nos acomodamos en el piso, llevábamos nuestro equipo en bolsones que usábamos como asiento o como almohada (aunque dormirse en esas circunstancias no era aconsejable)

La llegada a Comodoro Rivadavia fue de noche, nunca voy a olvidar esa sensación.

Hasta ese momento había llevado una vida normal, casa, barrio, escuela, campo y nada más. De repente estaba en guerra! Había unos Pucará estacionados por allí, cosas apiladas que no supe si eran tanques suplementarios o bombas, yo con mi fusil y mis pertrechos, recordé la vieja serie «Combate» con el sargento Sonders y todo.

El primer destino fue el aeropuerto mismo. Allí nos sorprendió la amabilidad de los suboficiales de la Fuerza Aérea, nadie te gritaba ni maltrataba. Nos convidaban a ayudar en la cocina y allí podíamos comer lo que quisiéramos, no como en la compañía donde siempre estábamos cagados de hambre.

Luego de un par de semanas de hacer guardia perimetral en el Aeropuerto nos mandaron al Regimiento de Infantería 8. Éste estaba casi vacío, con sólo un pelotón que se encargaba de la guardia, pues todos sus ocupantes estaban en Malvinas.

El frío se hizo presente y por suerte nos habían entregado unas camperas israelíes de douvet que eran muy abrigadas. En aquellos tiempos recibí y escribí muchas cartas, vivíamos una realidad extraña, siempre listos para ir al combate pero la orden nunca llegó.

Una noche hubo una alerta por bombardeo aéreo, y de acuerdo al protocolo, todos salimos al descampado porque los objetivos serían seguramente las instalaciones y edificios. Yo me tomé el tiempo suficiente para ponerme algo de ropa, incluida la campera, pero en el playón vi muchos desprevenidos en calzoncillo y remera… 

Hay muchas cosas que recuerdo, otras que estarán escritas en cartas por allí, el hecho es que de nuestro grupo sólo algunos pocos fueron llevados a Malvinas, creo que un par de MAGs (ametralladoras pesadas) y nada más. Llegamos a estar en alerta amarilla para una operación aerodesembarcada, es decir que en vez de tirarnos en paracaídas sobre las islas, el avión iba a aterrizar y nos bajaríamos del avión en movimiento. Nos concentramos con nuestros arneses «H» armados, listos para la acción, pero no nos buscaron nunca.

Habíamos conseguido munición extra, panes de trotyl que es un explosivo plástico, granadas y otras yerbas.

Yo quería ir, ansiaba ir. Tal vez no tenía cabal conciencia de lo que pasaría. A veces me imaginaba como sería estar en combate, tratando que no te agarren y ser más rápido e inteligente que ellos para disparar primero. No tenía miedo, tenía ansiedad.

Nos habían dicho que al ir al Teatro de Combate las cosas pasarían a ser nuestras, y yo quería quedarme con esa hermosa campera! Además los oficiales nos arengaban y nos hervía la sangre de patriotismo. Nadie que no haya estado allí puede asegurar lo que hubiera hecho o pensado en esas circunstancias, y yo me hago cargo de aquel chico de 19 que fui.

Pues bien, con la mentira de los medios que a cada rato decían «COMUNICADO DEL ESTADO MAYOR CONJUNTO, …» en la cual siempre íbamos ganando, me costó entender la noticia de la rendición, y me dio un poco de bronca que mis compañeros festejaran la vuelta a casa. Pero tenían razón.

Volví a casa justo para el día del Padre de 1982. Yo volví. Miles tardaron varios meses, y cientos quedaron allá para siempre. Para mí fue casi una aventura. Para otros fue una pesadilla, casi lo peor que le puede pasar a alguien.

Por eso tengo el mayor de los respetos y admiración por quienes combatieron en nuestras Islas Malvinas, soldados, marinos y aviadores. Seguramente unos fueron más héroes que otros, pero lo que es seguro, es que no volvieron siendo los mismos.

(Soldado Paracaidista) Eliseo Carnero

 

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Edgardo Gimenez Mazó
Editor de Aviacionline.com. Amo la aviación, y me interesa particularmente el mundo aeroportuario y aerocomercial.

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