Adiós, Mistery Machine

Lo miro desde la ventana de la cocina, paradito en la puerta. Como desde que nos vinimos a vivir a esta casa, más cerca de la noche lo voy a meter al garage, para que duerma adentro. La única diferencia es que será su última noche con nosotros. Mañana lo entregamos como parte de una operación que nos traerá otro auto.

No me malinterpreten: estoy contento. Significa progreso, porque nos vamos a uno más nuevo. Pero en este momento, mientras me estaba acomodando para escribir sobre otra cosa, no puedo sino mirarlo por la ventana y sentir nostalgia. Con un poco de suerte, uno será dueño de varios autos en su vida, pero siempre tendrá un auto. Uno. Ese auto. Para mí, mi Scenic 2002 RXE 2.0 16v será mi auto, por siempre.

Lo compramos hace dos años, cuando el tío de mi mujer se acordó de una charla que habíamos tenido unos meses antes. Arrancó con un «voy a vender la camioneta» y yo le dije «cuando la pongas en venta, te la compro.» Acordamos un cuasi plan de pagos, y en tres meses juntamos toda la plata y lo cumplimos. Con mi mujer, llamamos a esa etapa «protocolo arroz», porque redujimos los gastos al mínimo. Aún cuando me había subido de pasajero varias veces, la manejé por primera vez cuando me la llevé de su garage, con mi cédula verde. Ese era el grado de confianza y enamoramiento con mi camioneta verde.

Nos fuimos al sur, hasta San Martín de Los Andes, en un viaje que se hizo inolvidable por varias razones. Por supuesto, su dueño anterior no se lo quiso perder y fue con nosotros. Era un viaje que la camioneta había hecho varias veces, pero era la primera vez que yo manejaba un tramo tan largo. Mi mujer durmió atrás, casi todo el viaje. Su tío, que en ese viaje se terminó de convertir en mi tío, al lado mío. Y por momentos, ocupó otro lugar. Hacía pocos meses que mi viejo había muerto, y durante varios kilómetros sentía que hablaba con él. Los dos terminamos ese viaje sabiendo esto, sin tener que decirlo. Yo hice de hijo. El, hizo de mi papá por un rato.

Aprendí a manejar en montaña, cosa que jamás había hecho. Conocí cada una de las mañas de mi auto, sus ruidos, sus tiempos. Nos mudamos, repetidas veces, usando su enorme baúl para las cosas frágiles. Llevé y traje a amigos a Ezeiza, llevé y traje a mi vieja de su viaje épico. Me lleva y me trae todos los días a la oficina. Me ha perdonado errores de manejo que pudieron ser terribles. Tuvo el honor de desbandar una rueda cuando iba a 40km/h, cuando minutos antes estaba yendo en autopista a 110.

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Yo sé que es un objeto inanimado, y desde el conocimiento y la racionalidad no tiene ningún asidero, pero muchas veces lo he acariciado. Antes de ese viaje largo le pedí que nos cuide. Cuando lo trajimos, pedí quedarme solo con él y elegí hacer un pacto: cuidame y cuidá a los que viajen conmigo, y yo te voy a cuidar. Nos queda a los dos esa tranquilidad de haber cumplido.

Te vas mañana, Mistery Machine, y aún cuando el nuevo auto tenga mp3 y Bluetooth y vos no, voy a extrañar tus 6 memorias de radio. Ojalá te cruce en la calle y estés con una familia que te quiera y te cuide tanto como lo hicimos nosotros. Gracias por todo.

Ojalá conozcas muchos lugares nuevos. Y que de cada uno, tengas una linda historia para contar.

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Pablo Díaz (diazpez)
Director Editorial de Aviacionline.com. 40 años. Argentino. Casado. Profesional de IT por elección, Aeronáutico por vocación. Casi piloto. Casi Spotter. Casi Ingeniero. Viajero ocasional, nerd frecuente.

4 Comentarios

  1. Debe de ser, junto con el Xsara Picasso, los dos mejores autos para viajar, súper panorámico, comodo, espacioso y ágil. Y eso que no soy gran admirador del Renaul, pero las cosas cuando son, son! Suerte en la nueva etapa «cerokilometril»?

  2. Me emocioné hasta las lágrimas con tu relato, me pasa lo mismo con mi «sendita», está en la familia desde el año 94, lo puse en venta para sacar el 0 km, pero como tengo 4 hijos varones tuve la suerte de que quede entre nosotros, lo compró mi hijo mayor, y ya está confirmado que cuando lo venda lo comprará otro hermano porque nadie quiere que se vaya. Ya cambiamos varias veces el otro auto pero el sendita queda. Saludos.

    • Que grande el Senda! uno crea vínculos y cuesta desprenderse… qué bueno que se quede dando vueltas en la familia!
      Saludos y gracias por leer!

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