Historias de aeropuerto, capítulo 5: El primer día del mejor trabajo

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¿Te acordás de tu primer día de trabajo? Seguramente me estarás diciendo que tuviste muchos trabajos y que el primer día de cada uno es difícil de recordar ¿y sabés qué? Es cierto. Por eso voy a hacer la pregunta nuevamente y te voy a preguntar: ¿Te acordás del primer día de tu MEJOR trabajo? Voy a decirte que yo sí me acuerdo y te lo voy a contar.

Hay muchos momentos en la vida que nos marcan, para mi uno de ellos fue el día que comencé a trabajar en el mundo de la aeronáutica, el día que empecé a trabajar con aviones. Ahora nos subimos a la máquina del tiempo y volvemos 9 años hacia atrás.

Es 21 de marzo del año 2011, hoy comienzo a trabajar de lo que me gusta, de lo que siempre quise. Hoy comienzo a despachar aviones después de un largo camino de mucho estudio, sacrificio y de arriesgar el todo por el todo. Porque yo hasta hace unas semanas trabajaba de otra cosa, estaba cómodo, era un trabajo más, hasta que se me presentó la oportunidad de entrar al mundo aeronáutico.

Previo tuve que rendir exámenes un tanto complejos (para mi) y adentrarme de lleno en los aviones, que hasta ahora sólo los había visto en el curso para sacar la licencia de despachante de aviones… Pero me tocó elegir: quedarme en mi zona de confort, con mi trabajo o me jugaba el todo por el todo para entrar en el mundo de los aviones, en el mundo que siempre había soñado. Hoy puedo decir que la decisión que tomé fue la correcta, la mejor, porque después de pasar muchos nervios, exámenes, después de ir y venir la recompensa fue la mejor: ser aeronáutico, trabajar con aviones.

Hoy mi día arranca muy temprano, la verdad no estoy acostumbrado a levantarme a las 4 de la madrugada para ir a trabajar. El inicio de un nuevo ciclo implica cambios en un montón de cosas, incluso el de la hora de levantarse. Hoy entro a las 6 y quiero llegar temprano, es todo nuevo para mi y estoy muy nervioso, ansioso. Anoche me acosté a eso de las 9 de la noche pero me dormí cerca de la 1 de la madrugada y en esas 3 horas de sueño ¡soñé con aviones!.

Acabo de llegar al aeropuerto, mi primer día de trabajo. Son las 05:30am, llegué media hora antes de mi horario de ingreso. Tengo la credencial colgando del cuello, es como tener la llave que abre todas las puertas, “el pase vip” o el “meet and greet”. Con esa magia siento a la credencial que lleva mi nombre y que tengo acá, colgada del cuello.

El aeropuerto está en obras, después de pasar el pasillo largo y ancho que divide la terminal nueva con la terminal vieja llego a la zona donde hace años atrás funcionaban los mostradores del check in. Aquí harán las nuevas salas de embarque pero aún está todo en construcción, o mejor dicho en demolición. Llegar hasta la oficina es toda una odisea donde incluso hay puertas que no llevan a ningún lugar, mucha tierra y polvo y mientras más cerca estoy de llegar, más lío encuentro. Mi oficina está sobre la terminal vieja del aeropuerto que ahora, mirándolo desde acá, parece un aeropuerto fantasma.

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Zona de mostradores del viejo aeropuerto Córdoba, año 2011, previo a la demolición.

Ya estoy llegando, unos metros más y estaré en mi lugar de trabajo. Las oficinas de operaciones de las empresas aéreas están una al lado de la otra, separadas por vidrios, vidrios gruesos. La mía (me la apoderé jeje) está al final del pasillo sobre la derecha. El pasillo es estrecho y dos personas a la vez no caben. También hay una baranda que da a la altura de mi cintura, abajo están las viejas oficinas de Aerolineas Argentinas, SW, Lan y Pluna. Todas las oficinas de operaciones tienen una vista privilegiada a la plataforma, pero entre el vidrio y la plataforma hay una protección de metal, tipo persiana, para que el sol no nos de directamente durante la mañana. La gran ventana mira hacia el este.

Son las 06:55 de la mañana y el vuelo llega en 20 minutos, a las 07:15. Ahora estamos terminando de desayunar, todos tomamos lo mismo: café. Es una mañana fría y yo tengo mi ansiedad por las nubes, en un rato voy a estar cerca de un avión y yo siento que estoy en Disney. Me pongo el abrigo y cuando vuelvo al pasillo estrecho para salir a la plataforma veo que está comenzando a amanecer, la imagen no tiene desperdicio. Si cada amanecer va a ser así entonces quiero quedarme a vivir acá.

Amanecer en Córdoba desde la vieja terminal

Ya estoy en la plataforma, son las 07 :11 y estoy esperando que aterrice el vuelo. A lo lejos se ve una luz que se mueve, ese es “mi avión”. A mi lado está Daniel, mi compañero que ya tiene más de 10 años de vida aeroportuaria y para él hoy es un día más. Puedo sentir como me mira atentamente, debe ser porque la sonrisa no me entra en la cara. Son exactamente las 07:15 y acaba de aterrizar el avión, estoy parado en la plataforma y el avión viene hacia mí. ¡Qué imagen increíble! Estoy disfrutando el sonido de los motores y el olor del combustible, sólo los locos como yo pueden entender cómo me siento.

Soy nuevo, por lo que me quedo en el umbral de la puerta, la oficina es chica y somos 6 en total, incluyéndome a mí. Aún no tengo la habilitación para poder despachar solo, mi trabajo es supervisado por otra persona. Así estaré, de “doble comando” por al menos una semana. La oficina tiene muebles sobre los costados donde se encuentran las computadoras y en el fondo hay una mesa larga donde, mientras vamos llegando, ponemos las cosas para desayunar. Lo que abunda en esta mesa son los “criollitos” común y de hojaldre, no se olviden que estamos en Córdoba.

Oficina de operaciones de LAN en el viejo aeropuerto Córdoba,  año 2011.

Es hora de recorrer el avión: primero por fuera, es el momento de llevar la teoría a la práctica. Me sumo al paso del mecánico que me va contando un poco de cada parte del avión. Estamos haciendo lo que en la aeronáutica se conoce como el “walk around”, dando una vuelta alrededor del avión chequeando que no haya anomalías. Yo voy de observador como turista en las Cataratas del Iguazú. Culminamos el recorrido por fuera y subimos a la cabina de mando y a la de pasajeros. El avión está vacío, los pasajeros ya desembarcaron y la tripulación también. Este vuelo tiene cambio de tripulación y aún faltan dos horas para que llegue la siguiente. Me siento feliz, como nunca antes.

Estoy volviendo a la oficina, recordando mentalmente cuál era el camino para regresar.Hay que preparar la documentación para el próximo vuelo. Estoy aprendiendo y mi ansiedad es tan grande que quiero saber todo ya! En mi mano llevo un anotador y un bolígrafo, voy tomando nota de cada cosa que me dicen, todo es importante y hay mucho que aprender.

Avión de Lan Argentina desde el viejo aeropuerto Córdoba, se observa parte de la vieja manga y uno de los aviones de SW estacionado mirando hacia la pista principal.

Son las 09:47 y ya se hizo de día. Terminamos de preparar el vuelo que sale en una hora, cuya distribución de pesos la propuse yo y la persona que está supervisándome aprobó mi propuesta. Estoy contento. Acabo de escuchar a Daniel, mi compañero, decir que la tripulación recién llega al aeropuerto por lo que es momento de abrigarse nuevamente, caminar por ese pasillo estrecho con vista a la plataforma para después de bajar una escalera, que es la misma que conecta a la torre de control y plan de vuelo, encontrarme cara a cara con el avión.

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Vista a la plataforma desde las viejas oficinas de operaciones del aeropuerto Córdoba.

Yo voy caminando a la par de mi compañero, soy su sombra. Libreta y bolígrafo en mano siempre, parezco periodista de los años 60. En un abrir y cerrar de ojos ya estamos dentro de la cabina presentándole la documentación al comandante y al primer oficial.Por suerte la tripulación de hoy es muy agradable y a pesar del nerviosismo por ser mi primer despacho, no hay objeciones.

Primera parte de mi trabajo completa. Son las 10:35 de la mañana y el vuelo está listo para salir: la prueba de fuego será en unos minutos cuando el avión se despegue del piso. El avión comienza a retroceder y yo estoy inmóvil en mi lugar mirando absolutamente todo, se siente el ruido de uno de los motores como si estuvieran acelerando, es la puesta en marcha, y después de unos instantes comienza a sonar el otro de la misma forma.

Veo como el avión avanza lentamente y se aleja de mi, hacia el punto de espera de la pista 36. Mi corazón late muy fuerte, ahora sí, el avión está por salir. En estos momentos está en cabecera de pista y se escucha la aceleración de los dos motores, cada vez los siento más y más fuertes. El avión pasa justo frente a mi (a 300 metros de distancia) y lo sigo fijamente con la mirada. Estará despegando en tres, dos, uno: es oficial. El avión que despaché está en el aire y me corre una felicidad desde el pelo hasta la punta de los pies (diría el conocido cantante).

Estoy volviendo a la oficina con la sonrisa de oreja a oreja, con la misma que me desperté esta mañana a las 4 de la madrugada. ¡Qué lindos que son los aviones! Mis ojos no pueden dejar de mirar la pista, puedo verlos aterrizar y despegar. El ruido de los motores acelerando es música para mis oídos y ni hablar de los reversores cuando el avión está frenando. Acaba de aterrizar un Airbus 340 de Iberia y se estacionó justo frente a mí. Desde donde estoy parado puedo ver a la gente bajando del avión, incluso al camión de combustible y uno de los equipos de “Fly Kitchen” subiendo el servicio de comida para pasajeros que viajarán a Madrid más tarde.

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Mi primer día de trabajo está llegando a su fin. Ya son las 2 de la tarde y es hora de regresar a casa pero no puedo – y no quiero – salir de este pasillo estrecho que me da la mejor vista de todas: la plataforma del aeropuerto. Daniel cierra con llave la oficina y después de unos segundos mirándome cómo observo ese avión me dice: –“Pibaso, la emoción por los aviones te va a durar un mes, a lo sumo dos, después no te vas a querer ni acercar”.

Hoy, después de muchos años de ese momento y esa conversación le dije: –«¿Sabés una cosa Dani? No tenías razón, porque después de 9 años cada vez que veo o escucho un avión sigo sintiendo la misma emoción que tuve el primer día de mi mejor trabajo”.

 

Andrés Lavallén
Andrés Lavallén
Flight Dispatcher. Encargado de operación de vuelo. Estibador. Amante de la aviación. Papá de Sofi. Desde Córdoba, Argentina.

13 Comentarios

  1. Cuánta emoción en el relato! Cuántas imágenes se me vuelven a la cabeza … y a la memoria…
    Me encantó!!!!!!

  2. Que lindo relato Andres. Que pasion x esos pajaros de metal…!!! Ojala vuelvan pronto y que los cielos sean de quien quiera surcarlos…

  3. Un relato en el que me es imposible no sentirme identificado, esas descripciones que no son suficientes pero es la única forma de expresarlo en palabras es lo más cercano a la realidad. Muy lindo.

  4. Excelente el relato…la misma emoción que sentí cuando empecé en Trafico de Aeroparque en el 94 y pise x primeta vez la pista

    • Que decirte amigo. Excelente profesional y mejor persona. Como se te extraña en el Aeropuerto!!!!. Se que nos vamos a volver a ver pronto. Esta industria no puede perderse semejante Trabajador!!. Un abrazo Andresito

  5. Felicidades Andres, eso es pasión por trabajar en lo que realmente te gusta. Esos sentimientos me recuerdan a uno de mis Hijos que ya llegó a Comandante. ÉXITOS Y DIOS QUIERA QUE PRONTO PUEDAN REINICIAR LAS ACTIVIDADES EN ARGENTINA.!!!

  6. Lo contaste con tanto detalle que sentí que me pasaban a mi las cosas! Que hermoso que compartas esto con nosotros! Gracias Andy!

  7. Muy bueno ! Gracias por compartir. También fui despachante en Pluna Montevideo. Algunas veces me tocó trabajar en Aeroparque, Galeao o Guarulhos. Después aprendí a volar y operé muchas veces en Córdoba con los 737 y luego con los CRJ. Abrazo fraterno a todos los despachantes !

  8. Cuando se produce la unión de maquina y hombre, es el punto máximo logrado, es es estado de confianza, de seguridad. Armonía y dedicación correspondida. Entonces,día a día, pasa la vida tan hermosa y complicada que a lo largo de los años, te hace ver que momentos viviste cerca de eso que amas …la aviación. Hoy canto en mi mente, SOLO LE PIDO A DIOS QUE LO INJUSTO NO ME SEA INDIFERENTE, y volver a trabajar, poder tocar, mirar, estar cerca de un avión, viajar de nuevo, por qué no. Estoy esperando, tengo fe, tengo esperanza que volveré a ser feliz!

  9. Trabajé como Representante de tráfico en la extinta TAESA y yo estaba muy feliz por entrar a trabajar en una línea aérea. Era mi primer trabajo y prendí muchas cosas. Tenía 24 años, pero ese mismo año nos cerraron operaciones, pero esos 7 meses los goce mucho. Pasaron 2 años y pude regresar a trabajar en una nueva línea aérea llamada»Líneas Aéreas Azteca», laborando aquí por 7 años. Puedo mencionar que igual que quienes hemos estado trabajando en una línea aérea es una experiencia única

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